INFLACIONADOS

Vivimos en un país que se tutea con la inflación desde el siglo pasado salvo en los diez años y cinco meses del gobierno de Carlos Menem cuando el índice era casi imperceptible gracias a un plan de convertibilidad inamovible.

A través de todos los restantes gobiernos se han puesto en práctica políticas económicas con mayor o menos éxito circunstancial y, en otros casos, los resultados han sido catastróficos. Ésto ha provocado la salida anticipada de ministros de la cartera económica que anunciaron recetas mágicas para lograr la confianza de los mercados y tranquilizar al pueblo argentino. Y ni hablar de las promesas electorales de los candidatos a la presidencia con dispar tinte político.

La inflación repercute constantemente en el devenir de nuestra vida diaria. A medida que se da a conocer el índice mensual entramos en una rueda que obliga a retocar todos los valores comerciales. Nadie se escapa de ésta conducta para no perder márgenes de ganancia e incluso algunos reajustan por adelantado y entonces avivan aún más la inestabilidad.

En aquellos hogares en donde se vive de uno o dos sueldos ven como, cada vez más, disminuyen las posibilidades de progresar. En muchas familias cuyos ingresos dependen del cuentapropismo o economías en negro también quedan imposibilitados de acceder a una canasta básica. Y no hay que olvidarse de la gran masa de jubilados que cobran el haber mínimo y vergonzoso que sin la ayuda de sus familiares y amigos no podrían sobrevivir.

Todo el cuadro es de una profunda tristeza y el porcentaje de pobres aumenta día a día. Hay una bronca contenida y una decepción generalizada que se manifiesta en protestas, piquetes y reclamos de reajustes salariales constantes. Las frustraciones personales explotan en reacciones violentas adentro del seno familiar e incluso en la calle. La sociedad está triste, frustrada e indignada y la única carta para jugar es el voto en las próximas elecciones. Alguien dijo por ahí que la esperanza no se rinde. No dejemos que nos la quiten y así rendirnos nunca será la última opción.

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